Hay que ver, querido mío, lo diferentes que eran las cosas hace un año.
Hace un año, trabajaba en mi habitual puesto veraniego de auxiliar administrativo en el Hospital Clínico por las mañanas.
Hace un año, daba clases de repaso por las tardes a mis habituales alumnos.
Hace un año, buscaba con mi madre un lugar en el que poder vivir.
Hace un año, pensaba la manera de hacer habitable aquel lugar que por fin había encontrado.
Hace un año, utilizaba cada minuto disponible para hacer desaparecer la inmundicia de la que iba a ser nuestra casa.
Hace un año, luchaba con mi padre para arreglar cuanto estaba roto, inutilizado, desmontado o directamente destrozado.
Hace un año, ahorraba cada céntimo ganado para conseguir cuanto nos hiciera falta para convertir “aquello” en nuestro hogar.
Hace un año, cuando estaba agotada, recuperaba las fuerzas hablando contigo, soñando con el momento en que por fin llegarías para quedarte.
Hace un año, mis padres y yo (y alguna alma caritativa más) conseguimos finalmente tener preparado el más maravilloso “Entipiso” que jamás hubieras podido imaginar.
Hace un año, tu avión llegó más pronto de lo que esperaba y tú me tuviste que esperar a mí en el aeropuerto.
Hace un año, los vigilantes de seguridad temieron que fueras una especie de terrorista hasta que les explicaste porqué seguías esperando tras las puertas de la sala dos.
Hace un año, por fin llegué, me abrazaste y comenzamos una vida nueva. Nuestra vida. Una vida que, aunque al principio fuera a ser un poco dura, o difícil, seguro que iría acompañada por la suerte. Porque nos lo merecíamos. Porque habíamos trabajado mucho para llegar hasta donde estábamos, porque habíamos sufrido mucho con nuestras mutuas ausencias. Porque había sido muy complicado vernos cada dos o tres meses, llamarnos y no poder responder, conectarnos y no coincidir por los canales habituales en internet… porque creíamos en nosotros, y merecíamos la oportunidad de seguir creciendo y construyendo nuestra relación, seguir afianzando algo que ya era sólido y que queríamos convertir en la base de nuestra futura familia.
¿Qué ha ocurrido este año?
Bueno, las cosas… han ido siguiendo su camino, que no es el más cómodo para nosotros. Terminó el contrato en el hospital, y seguimos con clases, en el campo, en el mercado… luego terminó el verano, y con septiembre vinieron las clases de la facultad, pero no llegó oferta ninguna de trabajo. Por suerte, seguí dando clases de repaso, y luego vino algo más, cositas sueltas que nos fueron ayudando y gracias a las cuales sobrevivimos durante un tiempo. Me caí y me rompí el codo, y perdí las clases, y todo se descontroló. Lo habitual entonces empezó a ser no llegar a final de mes, y nuestros padres tuvieron que ayudarnos más de lo que ya lo hacían. Y el coche… el coche nos dio un susto, y tuvimos que cambiarle los amortiguadores. La lavadora también nos daba sustos de vez en cuando, y los portátiles. Hasta el teléfono de la ducha. Y mi codo no se recuperaba, y tuvimos que buscar un fisioterapeuta que me hiciera recuperar la movilidad que había perdido. Mi abuela se puso enferma. Nos dimos de bruces con la realidad económica del Grup de danses. La gasolina no deja de subir. Seguimos sin encontrar trabajo. La pila de la cocina pierde agua a chorro. La lavadora se estropea definitivamente. Se pone a la venta el piso en el que vivimos. Las circunstancias nos obligan a buscarnos una nueva casa…
Pero me niego a quedarme sólo con todas esas cosas, que me hacen sufrir y hundirme en mis momentos más bajos. Dime, Conrado, ¿qué ha ocurrido este año?
Que nada más llegar tuviste que estrenar tu puesto de primera dama del Grup de danses, que fuimos a dansaes a la orilla del mar y sufrimos cuando Paquito se resbaló y casi se nos mata. Fuimos a Peñíscola, a Saint Germain a comer queso y pan francés (donde conociste a Papá Francés y a Darwin), donde conociste a Rubén, Amparo y Guadaña. Celebramos por primera vez juntos tu cumpleaños, con tarta, regalos y sorpresa incluida. Te llevé a un hotel en el día más caluroso del año, te llevé a cenar y lo más importante: sin que tú te olieras nada. Ganamos los chequecines de Bancaja y nos aventuramos a canjearlos por películas que no podíamos ver. Nos entristecimos por el cierre de un restaurante y disfrutamos como gorrinos por cada uno nuevo que probamos y visitamos. Te vi pintar en directo por primera vez, y te acompañé a conocer los lugares de perdición por los que tú ahora callejeas antes de entrar a clase. Me cuidaste con todo el cariño del mundo mientras estuve convaleciente por culpa de mi codo roto, y juntos vimos todas las películas de Harry Potter en una semana. Juntos aumentamos la Gerryteca, nos perdimos intentando acudir a un entierro y me acompañaste a mis sesiones de rehabilitación cuando pude volver a conducir. Celebramos los cumpleaños de mis padres y mis hermanos. Aprendimos a cocinar arroz a la milanesa y el famoso revuelto destrozaestómagos. Recibimos a tu familia en nuestra casa y les paseamos por la ciudad entera. Fuimos a ver Toy Story 3 dos veces y nos dejamos timar en la bolera vilmente. Vimos Origen. Jugamos en la fuente de sonidos y colores y le dimos mil veces al pulsador del redoble de plato. Nos reímos cada vez que intentas hablar en un idioma y te sale el acento ruso. Aprendimos a cocinar nuestras archifamosas fajitas, y las pizzas blandiblú en nuestro microondas presoviético. Los conciertos de la banda, comida de Santa Cecilia incluida. Cheesecakes y tartas heladas de mango. Nuestras primeras navidades juntos, adornando cada rincón de la casa, montando el árbol gigantesco en el que las luces hicieron catapum. La primera Semana Santa que has estado conmigo. Tu primera “Mascletà” y tus primeras Fallas. El amor que le prodigas a la paella de mi abuela. Los incontables domingos en que vamos juntos a cantar en misa (bueno, yo canto, tú me acompañas) Cisne Negro. Mi cumpleaños. Celebramos por fin juntos nuestro aniversario.
Tú eres lo último que veo cuando me duermo. Lo primero cuando me despierto.
Son tantas las cosas que han pasado que parece mentira que sólo sea un año el que ha transcurrido en este tiempo. Lo que nunca cambia, ni cambiará, pase el tiempo que pase, es que lo que más quiero es tenerte cerca de mí. Porque lo que por ti siento seguirá cambiando día a día, para hacerse más grande, más maduro, más nuestro, más vivo.
¡¡Muchas felicidades en nuestro primer año de convivencia, Conrado!!
Porque cuando dos entidades se unen,
no existe nada en el mundo que las pueda separar
PS: Como me gustaría poder regalarte el mundo para la ocasión pero la situación económica no está muy por la labor, me permito regalarte algo que sé que sólo tú podrás apreciar en su justa medida:
Denver, The Last Dinosaur
Denver, the last dinosaur
He's my friend and a whole lot more
Denver, the last dinosaur
Shows me a world I never saw before
He's my friend and a whole lot more
Denver, the last dinosaur
Shows me a world I never saw before
Everywhere we go we don't really care
If people stop and stare at our pal dino.
Creating history thru the rock n' roll spotlight
We've got a friend who helps us, we can do alright
If people stop and stare at our pal dino.
Creating history thru the rock n' roll spotlight
We've got a friend who helps us, we can do alright
That's Denver, the last dinosaur
He's my friend and a whole lot more
Denver, the last dinosaur
Shows me a world I never saw before.
He's my friend and a whole lot more
Denver, the last dinosaur
Shows me a world I never saw before.









3 comentarios:
Pues Denver dirá lo que quiera, pero para mí siempre será "my whore". Hombre, por favor.
Gracias por el regalo, amore. Ya has visto lo mucho que me ha conquistado, xDD. Hay muchos buenos recuerdos de este año. Malos también, como tiene que ocurrir, pero no me negarás que lo hemos pasado más que bien ;D
¡Felicidades, guapa!
PD: También hablo francés sin acento ruso, ojo.
Muchas felicidades a ambos¡¡ :)
No es lo que tenemos, sino a quien tenemos. El resto son procesos, tiempos, retos a superar, poco a poco. Estais juntos, os amais, os teneis... que más importa?
Publicar un comentario en la entrada