martes 14 de diciembre de 2010

¿Lo qué?



¡¡¡Oh-oh-oh-oh-oooooooooh, caught in a bad romaaaaaaaaance!!!

¡Ahí va! ¿Ya estamos casi en Navidad?

¿Ya?

¿En serio?

Coñe, ¿qué he estado haciendo yo en tanto tiempo? Uff… como tengo esto de perdido… si es que lo he tenido abandonado mucho tiempo, y claro… se nota.

¡Muy buenas a todos! En primer lugar, disculpad que esto esté… pues como está, un poco desordenado y lleno de polvo, pero es que acabo de regresar, y claro… mi ausencia no le ha pasado desapercibida a nada ni a nadie.

En segundo lugar, perdonad también que os haya dejado solos durante tanto tiempo. Ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que escribí (sé que fue a propósito de mi triunfo colosal en Zona Negativa con mi reseña sobre la Saga de Fénix Oscura… Premio que, por cierto, aún no he recibido), pero lo que sí puedo recordar es la multitud de ocasiones en las que he pensado “eh, esto molaría para el blog”… y no he podido convertirlas en realidad.

¿Por qué? Pues… aunque suene a excusa barata, por varias razones. La primera y principal, que viene desde el verano, es que mi ritmo de vida ha cambiado notablemente. Y para mejor, para mucho mejor. Antes, mi rutina diaria era simple:


  • Levantarme (más tarde que pronto siempre que se podía, por razones que aduciré más adelante)
  • Desayunar
  • Encender el ordenador/coger el coche para ir a clase (la desgracia de estudiar comunicación audiovisual y/o periodismo en la Universitat de València es que jamás, repito, JAMÁS tendrás la suerte de repetir el mismo horario dos días seguidos, con lo que te enfrentas a la posibilidad de tener una rutina normal y corriente, como el resto de estudiantes), según tocara ese día;
  • Comer
  • Descansar un ratillo (llámese también “siesta”)/ir a clase/encender el ordenador
  • Cenar
  • Seguir con el ordenador para facebookear/hacer trabajos de clase/escribir posts/hablar con Entiman
  • Dormir (más o menos a partir de las 3 de la madrugada, razón por la que me levantaba más tarde que pronto)

Ahora, sencillamente, paso menos horas con mi antaño inseparable compañero: mi portátil. En parte porque no tengo internet, en parte porque el pobre, después de cinco años de trabajo incansable, empieza a renquear; en parte porque como tengo a Entiman en casa… pues ya no me hace falta.

Así que esos son los principales factores de que no pueda escribir tanto. También os digo, hablando totalmente en serio, que mi pobre iBook anda tan hecho polvo que normalmente lo enciendo sólo para trabajar, y en determinadas circunstancias tengo que armarme de paciencia, porque telita… en fin, cosas que pasan cuando no puedes renovar la tecnología. Vamos, que si alguien me quiere regalar un ordenador, lo recibo con los brazos abiertos y una botella de mistela en la mano, que es de bien nacidos ser agradecidos.

El hecho de no tener internet… pues influye mucho, la verdad. Al principio de nuestra aventura semi-independiente (“semi” porque ha sido imposible encontrar un trabajo después del verano, que tras la aventura en Urología, las frutas y verduras del mercado y la temporada algarrobera ya no ha habido nada más… sólo clases de repaso; y eso nos ha obligado a depender más de lo que nos hubiera gustado de nuestros padres y familiares, por desgracia para todas las partes) teníamos internet portátil de Vodafone, pero después nos pareció un robo seguir pagando 50 eurazos al mes por una m**rd* de conexión en un solo portátil (en el de Entiman, ya que el USB ese bloquea mi mac, el muy cabr*n), así que nos resignamos a conectarnos unas dos horas, cuando se puede, desde casa de mis padres. Y sólo esos ratitos porque mis padres forman parte también de ese colectivo estafado por la conexión móvil de Vodafone, con un router wi-fi que no funciona y que no podemos arreglar/cambiar en el servicio técnico de Vodafone porque, oh, sorpresa, no nos envían una factura con el maldito I-Mei desde hace… más de medio año. Moraleja: ¡huid de vodafone todos los que podáis, insensatos!

Como consecuencia de no encontrar trabajo fijo alguno, sigo estudiando. En este caso, continúo con la licenciatura de Periodismo. La comencé directamente en cuarto curso (los tres primeros años son convalidables al 100% con los de Comunicación Audiovisual) al mismo tiempo que estudiaba cuarto de comunicación, y ahora mismo me encuentro en quinto. Pero tranquilos, no creo que la termine este año ni de coña. Y es una lástima, porque en mi planteamiento inicial habría podido hacerlo, con más o menos dificultad (mi gran suerte es que tres de mis compañeros de comunicación siguen estudiando conmigo, y gracias a su ayuda voy tirando), pero algo se cruzó en mi camino: un accidente folklórico.

Sí, amigos y lectores míos, sí. Un bonito día de octubre, el 16 para ser exactos (acabo de caer en la cuenta, Xavi Mas, de que ya formo parte de la maldición del 16 de nuestro corto), Entiman y yo nos dirigíamos como felices frikis a la Mostra del còmic de València, a ver si pillábamos algo interesante en los stands que llevarnos a casa, y a la caza de un dibujete o firmita de Salvador Larroca, Pasqual Ferry o Dave McKean. Después de pasear un ratillo y aspirar el olor de cómics nuevos (cayeron el Superman de Pasqual Ferry, el tomo Aventuras de Cíclope y Fénix: la luna de miel, y Spiderman – Badrock, con ilustre portada de Rob!), nos zampamos una Big-Mac (servidora) y una CBO que nos supieron a gloria y regresamos alegremente alborozados a casa, dispuestos a enfrentar la tarde – noche folklórica que teníamos por delante. Porque sí, al ser una la presidenta de un grupo folklórico debe acudir a todos los actos que se organizan, y más en especial a este, en el que dedicamos una tarde entera a ir a cantar y a bailar de casa en casa a las personas más mayores o enfermas del pueblo, aquellas que tiene dificultades para salir de casa. Además, para redondear el día, acabaríamos con una noche de juerga y mistela en casa de dos de los miembros del grupo, con lo que se preveía una jornada digna de recordar. Y en efecto, así fue.

Después de varias horas cantando (eran los suficientes para bailar, así que yo me reservé para la labor que mejor se me da: el cante), y tras bailarle a mi querida abuela, seguimos adelante con el recorrido previsto. Mi pueblo es de montaña, y sobre las 7 de la tarde, aunque todavía era de día, empezaba a hacer una rasca interesante. Helada como estaba, y con otro de los miembros del grupo cantando (el ball de quadre de Benigànim, no penséis que se me olvidará), mis compis de baile me invitaron a unirme a ellas, y a ello me dispuse. 30 segundos y una vuelta con resbalón incluido después, estaba en el suelo, con el tobillo torcido y el codo roto. Y ahí comenzó la nueva aventura: la de acudir a Urgencias (primero del ambulatorio de guardia y luego del hospital de zona correspondiente) vestida de folklórica, cojeando y sujetándome el brazo izquierdo retorciéndome de dolor.

Miradme, a la derecha, diez segundos antes de caer


Después de tres horas de espera y cachondeo de mi padre en Urgencias, dos radiografías bastante dolorosas, y el asombro y curiosidad del personal sanitario (¿de dónde vienes así? ¿qué traje es ese? ¿de qué zona? Y eso, ¿para que sirve?) por mi bonita indumentaria, pude abandonar el hospital Arnau de Vilanova con una escayola que me cubría el brazo entero y un aparatoso vendaje en el pie izquierdo, sentada en una silla de ruedas. Todo ello, el mismo día y a la misma hora en la que, un año atrás, cumplía uno de mis mayores sueños y salía felizmente extasiada del teatro Her Majesty’s de Londres de ver la representación de mi adorado The Phantom of the Opera.

Phantom & Dark Phoenix: amor verdadero


Hay que ver cómo cambian las cosas. Eso es puntería y lo demás, tonterías.

¿Conclusión? Esguince del ligamento exterior cruzado y fractura de la cabeza del radio. Diez días en silla de ruedas, tres semanas de escayola y meses de dolor y recuperación por delante.

Ah, y la firma de Larroca en un dibujo de Fénix Oscura editado por Fórum dentro del What if ¿Y si Fénix no hubiera muerto?, la de Pasqual Ferry en su estupendo tomo de Superman y un dibujete de Logan la mar de molón del mismo Pasqual.

Admiren, admiren mi Logan


Y ahora sí, espero que nos leamos muy pronto. ¡¡Besotes!!


Sólo yo puedo lucir con tanto glamour una escayola. Ele.



PS: ¿Qué os pensábais, que esto me había pasado desapercibido? Por favor…